Obesidad infantil

Cómo influye la educación en los problemas de sobrepeso infantil

Que la obesidad es la epidemia del siglo XXI no es ninguna novedad. El número de personas afectadas por el exceso de peso y sus consecuentes fallos en la salud, cada vez es mayor y pese a que el nivel de alerta de la OMS al respecto es el máximo, no parecemos concienciarnos sobre este alarmante problema.

A la ecuación se ha añadido además un factor que la hace todavía mucho más apocalíptica. Según la Organización Mundial de la Salud, la tasa de niños en edad preescolar con problemas de sobrepeso ya alcanza el 30% y si la tendencia sigue como hasta, se espera que para el año 2025 la cuota alcance los 70 millones.

Esto nos conduce directamente a la pregunta de hacia dónde se dirige exactamente nuestra sociedad en cuanto a salud se refiere, sobre todo teniendo en cuenta los valores en términos de alimentación y la obsesión por el peso que están viviendo las nuevas generaciones.

Queda claro que existen diferentes patologías que hacen que los niños puedan padecer de exceso de peso, que la genética, según recientes estudios, juega un importante papel pero sin duda, el factor más importante parte de la educación y si bien no podemos cambiar las nociones globales de alimentación ‘de golpe y porrazo’, sí que podemos empezar a educar a los niños en el hogar para evitarles graves problemas de salud.

El papel de los genes en la obesidad

Esto es inevitable. Nosotros podemos decidir qué tipo de educación queremos darle a nuestros hijos, pero a menos que seamos científicos expertos en ADN con una tecnología del futuro, no podemos decidir qué genes les pasamos, aunque no dudamos en que todos pagaríamos por ello.

Tras varios estudios se han llegado a identificar hasta 32 genes como factores de riesgo para la obesidad y según avanzan las investigaciones se teme que ese número pueda aumentar. No es determinante para un niño que sus progenitores tengan obesidad, pero aumenta muy considerablemente el riesgo de que esa enfermedad se convierta en una parte más de la herencia genética.

Recientes estudios han demostrado que la genética influye en el desarrollo de obesidad.
Recientes estudios han demostrado que la genética influye en el desarrollo de obesidad.

Por ello, la educación de los niños en buena alimentación tiene que partir desde los propios padres: ellos han de ser los primeros en tomar conciencia de lo esencial de una nutrición saludable y equilibrada. Una generación de adultos sanos favorece una descendencia alejada del sobrepeso, las dietas y como última solución las cirugías para la reducción de estómago.

Educación y hábitos en salud y actividad física

Decirlo es sencillo, pero en un mundo en el que las prisas parecen ser las que llevan las riendas de todos los aspectos de nuestra vida, puede resultarnos realmente complicado crear hábitos de vida saludables e incluso identificar cuáles son los malos, puesto que muchas veces son los que identificamos simplemente como ‘normales’.

¿Qué estamos haciendo exactamente mal con respecto a la educación en salud de nuestros hijos y, por supuesto, también con la nuestra?

A la hora de comer

  • Alimentos atractivos para los niños pero sin nutrientes: se empieza por la mañana con la bollería industrial, se sigue al mediodía con unos ‘nuggets’ de pollo y se acaba el día con premios en forma de chuches. Al final, estos productos no sólo presentan atractivos para los niños sino también para los padres que muchas veces por falta de tiempo recurren a ellos como última salvación para realizar las comidas reglamentarias diarias.

   En estas ocasiones la preocupación de los padres es saciar el hambre de sus hijos sin tener en cuenta que si bien     esos alimentos consiguen mantener el hambre a raya, no proporcionan la cantidad de nutrientes necesarios en su día a día.

Según los expertos en nutrición la dieta media de un niño debería estar compuesta por 2.000 calorías a repartir entre hidratos de carbono, proteínas y un porcentaje comedido de grasas. Pan, arroz, legumbres, hortalizas y frutas y alguna pieza de pescado y carne a la semana. Efectivamente: ni las chuches, los nuggets y la bollería entran en esa enumeración.

Debemos evitar caer en las prisas y sustituir alimentos naturales por precocinados.
Debemos evitar caer en las prisas y sustituir alimentos naturales por precocinados.
  • Comer delante de la televisión. O en general de cualquier aparato que haga que dejemos de prestar atención a lo que estamos comiendo para hacerlo a lo que estamos viendo. Mientras los niños ven la tele no son conscientes de la cantidad de comida que están ingiriendo ni de cuándo están completamente saciados. Este efecto se agrava cuando la publicidad además hace referencia a productos alimenticios, lo que provoca un estímulo para comer más.
  • Consumir en exceso bebidas y refrescos azucarados. El problema de estas bebidas es que no aportan ningún nutriente y en su lugar están compuestas por un gran porcentaje de azúcar, lo que estimula la secreción de insulina.
  • Declive del consumo de frutas y verduras. Tenemos que tenerlo claro: una pizza no es más cara que un plato de verduras al igual que una pieza de fruta no lo es más que un bollo. Sólo el 50% de los niños encuestados en un estudio realizado por la Comisión Europea en 2015 reconocía consumir fruta, y lo hacía únicamente un par de veces a la semana.

A la hora de realizar actividades físicas

  • Vida sedentaria. Las nuevas formas de ocio concentradas en torno a una pantalla han hecho que los niños se olviden de las actividades al aire libre, que requerían un mayor grado de actividad física. Según las últimas encuestas, los niños pasan de media dos horas y media frente al televisor y media hora más jugando en la consola o el ordenador o conectados a internet.
  • Menos horas de sueño. Se ha demostrado que la falta de sueño aumenta la ansiedad por la comida, especialmente por aquella que tiene alto contenido en grasas. Crear unos patrones de sueño adecuados para nuestros hijos –permitir que duerman más de 8 horas diarias– es una de las claves para evitarles el padecimiento de sobrepeso.

Consecuencias de la obesidad infantil

Los motivos son muchos pero ahora sabes identificarlas. Las consecuencias te ayudarán a concienciarte de por qué hay que cortarlos de raíz.

Además de las enfermedades que podrá desarrollar en el futuro y que irá engendrando poco a poco debido a sus malos hábitos, según la OMS, la obesidad infantil puede dar lugar al desarrollo de estas terribles patologías en los pequeños:

  • Cardiopatías
  • Resistencia a la insulina. Es un síntoma temprano de diabetes.
  • Trastornos en los huesos y los músculos. Este problema se agrava teniendo en cuenta que son edades en las que el cuerpo se está desarrollando, por lo que pueden quedar secuelas de por vida.
  • Algunos tipos de cáncer. Especialmente de endometrio, mama y colon.

Concienciar en nutrición, el primer paso hacia el adulto saludable

¿Cuál es nuestra función como adultos entonces? La respuesta es clara: educar en salud a las futuras generaciones.

Entendemos que seas abuelo, tío o un familiar de los que ve a los peques dos veces al año, pero ten en cuenta que darles todos los caprichos alimenticios que se les pasen por la cabeza o tupirles a comer no significa que les quieras más. Sabemos que te va a costar no mimar a los reyes de la casa pero recuerda: ¡mima en salud!

Cómo educar a tus hijos en salud

Y para vosotros, papis y mamis, tenemos varios consejos que os pueden ayudar a cambiar poco a poco la rutina de vuestros hijos e incluso las vuestras, recordad que es esencial predicar con el ejemplo y… ¡de lo que se come se cría!

Para comenzar esta nueva vida, podéis empezar a seguir los siguientes tips:

  • Haz que tu hijo reparta sus necesidades nutritivas en 5 comidas diarias y asegúrate de que las haga sin prisas. Dormir está genial –ya hemos visto que además es muy importante precisamente para mantener un peso saludable- pero madrugar y tener el tiempo suficiente para hacer un desayuno completo…¡eso sí que es un placer!
  • Enséñales además que picar entre horas no es saludable. Al menos que sea algún tipo de fruta.
  • No le consientas caprichos que atentan contra su salud. Lo que vale para los abuelos, vale para vosotros ¡nada de acceder a la extorsión para conseguir un bollo!
  • Llévales contigo a hacer la compra. De este modo conocerán la gran variedad de comidas que se pueden preparar con productos saludables. Además, puedes hacerles participar en las labores de elaboración de las comidas. Aprenderán mientras se lo pasan ¡de rechupete!
  • Explícales la importancia de consumir ciertos alimentos. El brócoli no es igual de atractivo que una hamburguesa, todos lo sabemos –por desgracia- por ello es importante que hables con tus hijos y les intentes explicar por qué es interesante consumirlos en una dieta y qué pasaría si no lo hicieran.
  • ¡Predicar, predicar y predicar con el ejemplo! No nos queremos poner pesados, pero ya sabes eso de allá donde fueres, haz lo que vieres y los hábitos en los niños se suelen crear por imitación de lo que ven en los mayores.
Cambiar la pantalla del ordenador por actividades al aire libre te hará bien tanto a ti como a los peques.
Cambiar la pantalla del ordenador por actividades al aire libre te hará bien tanto a ti como a los peques.

Tú como madre, padre, tío o abuela tienes la llave para proporcionarles a los peques las herramientas ideales para que no tengan que preocuparse por mantener un peso saludable durante el resto de su vida, pero también tienes aquellas que se pueden convertir en armas y hacer mucho daño a su organismo. Educar a un niño en alimentación, es darle vida a un adulto sano.